Providence enfrenta una crisis de vivienda real, pero la respuesta no es imponer más restricciones que limiten la disponibilidad de viviendas y frenen el crecimiento. Se ha demostrado que las políticas de estabilización de alquileres reducen la cantidad de viviendas disponibles, desincentivan la construcción nueva y retrasan las inversiones necesarias para mantener viviendas seguras y de calidad. Cuando se vuelve más difícil construir y operar viviendas, salen menos unidades al mercado y los costos suben para todos.
Estas políticas también reducen las opciones y la movilidad, haciendo más difícil que las familias encuentren hogares que se ajusten a sus necesidades. Además, afectan especialmente a los pequeños propietarios, que muchas veces operan con márgenes ajustados, y añaden más burocracia que aumenta los costos sin resolver la raíz del problema. Si queremos asequibilidad real, debemos enfocarnos en lo que sí funciona: construir más viviendas y aumentar la oferta, no limitarla.